Redacción / Grupo Marmor
Cada año, con la llegada de noviembre, los bosques de Michoacán reciben a millones de mariposas monarca que recorren miles de kilómetros para pasar el invierno en territorio mexicano. Pero su presencia no solo representa uno de los espectáculos naturales más impresionantes del país, también está relacionada con una antigua creencia que permanece viva entre algunas comunidades indígenas: que estos insectos traen consigo las almas de los difuntos.
La llegada de las mariposas coincide con las celebraciones del Día de Muertos, una de las tradiciones más importantes de México. Esta coincidencia dio origen a una leyenda que relaciona el vuelo de las monarcas con el regreso de quienes han partido.
¿Por qué se cree que las mariposas monarca traen a las almas?
De acuerdo con las creencias de antiguos pueblos purépechas, las mariposas monarca representan las almas de las personas fallecidas que regresan para visitar a sus familiares durante el Día de Muertos.
Su aparición en los bosques del oriente de Michoacán, alrededor del 1 y 2 de noviembre, reforzó esta interpretación, que se transmitió de generación en generación.
Para estas comunidades, el vuelo de las mariposas no era una simple coincidencia con el calendario de las celebraciones, sino una señal de que los seres queridos volvían simbólicamente al mundo de los vivos.
Esta relación entre las monarcas y los difuntos también está presente en relatos de otros pueblos indígenas de la región.
La leyenda de las mariposas que llevan a los difuntos
Entre las tradiciones mazahuas existe una narración relacionada con las mariposas monarca, conocidas como xpeje, que vincula a estos insectos con las almas de quienes han fallecido.
La creencia cuenta que las mariposas transportan a los difuntos sobre sus alas durante su recorrido hacia los lugares donde descansan sus seres queridos.
Por ello, su presencia durante noviembre adquirió un significado especial: observarlas es, para quienes conservan esta tradición, una manera de recordar a quienes ya no están.
Aunque estas historias forman parte del patrimonio cultural y espiritual de las comunidades, no existe evidencia científica de que las mariposas transporten almas. Su significado pertenece al terreno de las creencias y la tradición oral.
¿Por qué llegan millones de mariposas monarca a Michoacán?
Más allá de la leyenda, la llegada de las mariposas monarca tiene una explicación natural.
Cada año, estos insectos realizan una de las migraciones más sorprendentes del continente: recorren aproximadamente 4 mil kilómetros desde Canadá y Estados Unidos hasta los bosques de oyamel de Michoacán y el Estado de México.
Su objetivo es encontrar condiciones climáticas adecuadas para pasar el invierno. Durante su estancia, que generalmente comprende de noviembre a marzo, forman grandes agrupaciones sobre los árboles, creando paisajes cubiertos de tonos naranjas.
Este fenómeno convierte a Michoacán en uno de los principales destinos para observarlas y conocer más sobre su ciclo migratorio.
¿Dónde se pueden observar las mariposas monarca en Michoacán?
En Michoacán existen distintos santuarios donde se puede observar la llegada de las monarcas. Entre los más conocidos se encuentran:
- El Rosario: ubicado en el municipio de Ocampo, es uno de los santuarios más visitados.
- Sierra Chincua: también en la región de Ocampo, permite apreciar las agrupaciones de mariposas en los bosques de oyamel.
- Senguio: otro de los espacios de hibernación de esta especie en territorio michoacano.
Estos sitios forman parte de la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Mundial Natural en 2008.
Una leyenda que mantiene viva la memoria de los seres queridos
La llegada de las mariposas monarca representa mucho más que un acontecimiento natural para las comunidades que conservan esta tradición.
Mientras la ciencia explica su migración como parte de su ciclo de vida, la memoria popular les ha otorgado un significado relacionado con el recuerdo, el reencuentro y la conexión con los difuntos.
Por eso, cada noviembre, cuando los bosques michoacanos comienzan a teñirse de naranja, la leyenda vuelve a cobrar vida y recuerda una de las formas más particulares en que las comunidades mexicanas relacionan la naturaleza con el Día de Muertos.



















