La tarde de este 8 de marzo, las calles de Morelia volvieron a teñirse de morado y verde. Desde antes de las cinco, mujeres portando prendas, pañuelos y pancartas se concentraron con consignas vinculadas al feminismo.
El punto de partida, como en años anteriores, fue el monumento a Lázaro Cárdenas. Las organizadoras de la Asamblea de Mujeres en Michoacán comenzaron la movilización pasadas las 4:35 p.m., no sin antes ordenar los contingentes: al frente las infancias, seguidas por el bloque de las disidencias y, finalmente, el contingente separatista.
Aunque la marcha era mayoritariamente de mujeres, también participaron miembros de las organizaciones convocantes, entre ellas: la Asamblea de Mujeres Michoacán, Indómitas Organización de Izquierda Anticapitalista, Colectiva Feminista MAPAS, Red Azaleas y la Sección XVIII SNTE-CNTE Poder de Base.
”¡No somos una, no somos diez, p**che gobierno, cuéntanos bien!”, “Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente” o “Aborto sí, aborto no, eso lo decido yo”, resonaba en el ambiente.
Mientras el sol comenzaba a bajar sobre la avenida Madero Oriente, el camino se inundó de carteles hechos a mano, tambores y consignas. Tras la llegada de los contingentes al Centro Histórico, cerca de las 6:00 de la tarde, representantes de las colectivas subieron a la tarima frente a la Catedral. Allí declararon sus posicionamientos anticapitalistas, antirracistas, anticapacitistas y transincluyentes, subrayando que el suyo es un espacio autónomo, libre de partidos políticos e instituciones del Estado.
”¡No somos un botín político!”, señaló una vocera tras denunciar lo que calificó como activismo performativo por parte del partido Morena. Minutos más tarde, se aproximaron los primeros contingentes de la “marcha violeta”, que venían desde el monumento al General José María Morelos en dirección contraria, hasta que ambas movilizaciones se concentraron frente al escenario.
El acto continuó con un pase de lista de las víctimas de feminicidio y mujeres desaparecidas. Desde abajo, el grito de “¡Presente!” y “¡Justicia!” acompañaba cada nombre. Posteriormente, Verónica Villaseñor, madre de Jessica González Villaseñor —joven maestra asesinada en 2020—, tomó el micrófono. Con la voz afectada, denunció que la justicia aún no llega plenamente, pues el feminicida de su hija busca amparos para reducir su proceso. “No les vamos a dar la comodidad de nuestro silencio, seguimos en lucha”, aseveró antes de entonar: “¡No que no, sí que sí, ya volvimos a salir!”.
La tensión aumentó cuando elementos de Comandos Especiales irrumpieron para desalojar a las manifestantes del área inmediata al Palacio de Gobierno. Ante la frustración, las mujeres increparon a los agentes: “Ojalá nos cuidaran así a nosotras”. Se lanzaron algunos objetos pequeños mientras la prensa cubría de cerca, ante el temor de un altercado físico o el uso de gas.
Al caer la noche, el color morado comenzó a disiparse con la partida de las colectivas. Las autoridades se dispersaron poco después, mientras la policía y tránsito mantenían una estrecha vigilancia. Por las calles aún se veía a chicas quitándose los pañuelos o limpiándose la pintura de la cara; un gesto de precaución para evitar agresiones en su trayecto de regreso a casa.



















