Redacción / Grupo Marmor
Alguna vez te has preguntado ¿qué le sucede al cuerpo humano durante una crucifixión? Expertos en fisiología y medicina analizan las causas clínicas de la muerte de Jesús: desde el trauma nervioso de los clavos hasta el fallo multiorgánico final.
La Pasión de Jesús, analizada desde la fisiopatología moderna por expertos como el Dr. August Corominas (RAED) y el catedrático Santiago Santidrián, representa una de las formas más extremas de destrucción de un organismo joven y sano.
El proceso de deterioro comenzó con la flagelación romana, ejecutada con el flagrum, este látigo, compuesto por tiras de cuero con esferas de plomo y fragmentos de hueso, no solo provocó contusiones profundas, sino que arrancó epidermis, dermis y tejido muscular, dejando la espalda en “carne al rojo vivo”. Este nivel de hemorragia y trauma condujo a Jesús a un estado de conmoción hipovolémica, es decir, pérdida crítica de sangre, incluso antes de llegar a la cruz.

Al momento de la crucifixión, el dolor alcanzó el nivel máximo de la escala clínica EVA (10/10), un grado considerado irresistible. Los clavos, de entre 13 y 18 centímetros, fueron introducidos en las muñecas y no en las palmas, ya que estas no habrían soportado el peso. Al atravesar el espacio carpiano, el metal destrozó el nervio mediano, el tronco nervioso principal de la mano. El Dr. Corominas explica que esto provocó una “causalgia” o dolor quemante insoportable y la contracción inmediata del pulgar hacia la palma, dejando la extremidad en la posición conocida como “mano en garra”.
Fisiológicamente, estar colgado en la cruz convierte la respiración en un esfuerzo agónico. La posición no natural mantiene el pecho en una inhalación constante; para poder exhalar el dióxido de carbono, el sujeto debía apoyarse en los clavos de sus pies para elevar el torso y liberar el diafragma. Este movimiento repetitivo, realizado sobre una espalda lacerada y articulaciones dislocadas por la gravedad, derivó en aumento de la acidez en la sangre. El académico Santidrián señala que este esfuerzo físico extremo, sumado a la deshidratación severa por cargar la cruz de aproximadamente 50 a 60 kilogramos, llevó al sistema circulatorio a un colapso inminente.
Finalmente, el fallecimiento se produjo tras horas de agonía por un shock cardiogénico e hipovolémico. La acumulación de fluidos en la membrana que rodea al corazón y en los pulmones explica por qué, al ser traspasado por la lanza romana para confirmar el deceso, brotó un fluido claro seguido de un gran volumen de sangre.
Este análisis científico concluye que la muerte de Jesús fue el resultado de una falla orgánica múltiple provocada por un método de ejecución diseñado específicamente para maximizar el tormento físico y el trauma neurológico.



















