¿Cómo identificar y frenar un golpe de calor en tu perro?

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Redacción / Grupo Marmor

Con la llegada de las olas de calor, la salud de las mascotas se vuelve una prioridad crítica, ya que, a diferencia de los humanos, los perros no tienen glándulas sudoríparas en todo su cuerpo; ellos regulan su temperatura únicamente a través del jadeo y la transpiración en las almohadillas de sus patas. Este sistema de enfriamiento es mucho más lento, lo que los hace más propensos a sufrir un golpe de calor, una condición que puede elevar su temperatura por encima de los 42°C y poner en riesgo su vida.

Un perro que atraviesa un golpe de calor presentará un ritmo cardiaco acelerado, respiración rápida y nerviosa, y un jadeo constante con exceso de babas. En etapas más avanzadas, la falta de oxigenación puede tornar sus encías azuladas, mientras que la pérdida de azúcar y sales provoca debilidad muscular, temblores o falta de equilibrio. De no ser atendido puede derivar en insuficiencia renal, daño cerebral o fallo multiorgánico.

Si detectas estos síntomas, el objetivo principal es bajar la temperatura de forma gradual, no drástica. Moja a tu mascota continuamente con agua templada (ni fría ni caliente) y evita cubrirlo con toallas húmedas, ya que esto atrapa el calor en lugar de liberarlo. Ofrécele agua fresca, pero asegúrate de que beba despacio y en pequeñas cantidades para estabilizar sus niveles de hidratación sin provocar un choque en su sistema.

Aunque el perro parezca mejorar tras estos primeros auxilios, un profesional deberá monitorear posibles secuelas que no son visibles, como anomalías electrolíticas o cambios en la presión arterial. En la mayoría de los casos, se sueros intravenosos para reponer los minerales perdidos y garantizar que sus órganos internos no hayan sufrido daños permanentes tras la exposición al calor extremo.