Redacción / Grupo Marmor
Un devastador sismo de 7.8 grados que sacudió el sur de Filipinas generó en su momento una alerta generalizada de tsunami, movilizando a las autoridades y habitantes de varios países asiáticos. El potente movimiento telúrico, que dejó un saldo de al menos 32 víctimas mortales por deslaves y más de 200 heridos, tuvo su epicentro en el mar a una profundidad de 35 kilómetros.
Tras el impacto inicial de aquel sismo, se activó de manera inmediata una alerta de tsunami para las costas de Filipinas, Indonesia, Palaos, Taiwán, Japón y Papúa Nueva Guinea. En el territorio filipino, las estaciones terrestres de vigilancia reportaron el monitoreo de olas de al menos un metro en las provincias de Sultan Kudarat y Sarangani. Ante este riesgo, el gobierno de la ciudad de Davao desplegó equipos de emergencia para evacuar a los habitantes de las zonas costeras hacia tierra adentro de forma preventiva.
El impacto de las olas también puso en alerta máxima al sureste de Japón, donde las autoridades advirtieron sobre marejadas de aproximadamente un metro en una amplia franja que abarcó desde la prefectura de Ibaraki hasta Okinawa.
A la par de la emergencia marítima, los daños en tierra firme fueron considerables. En diversas ciudades se reportaron edificios colapsados, la cancelación de 17 vuelos nacionales y el cierre temporal del aeropuerto internacional de General Santos. Como medida preventiva ante las réplicas, el gobierno declaró en su momento la suspensión de clases y de todas las actividades no esenciales en las regiones afectadas.



















