Redacción/Grupo Marmor
Este miércoles se conmemora el 55 aniversario de la Matanza del Jueves de Corpus, trágico episodio de la historia moderna de México conocido popularmente como el “Halconazo”. A más de cinco décadas de la masacre cometida el 10 de junio de 1971, este suceso es recordado como una de las violaciones más graves a los derechos de reunión, de asociación y de libre protesta social en el país.
El “Halconazo” no fue un conflicto fortuito ni una respuesta desorganizada del régimen. Por el contrario, marcó el inicio consolidado de una estrategia sistemática de violencia de Estado bajo un esquema de contrainsurgencia diseñado desde las altas esferas del poder civil y militar.
Lejos de lo que se sostuvo por décadas, la masacre de 1971 no fue una simple reedición de la represión estudiantil de Tlatelolco en 1968. Tampoco se trató de la inmolación juvenil frente a los altares del régimen en turno, ni el montaje del poder político contra otra.
El “Halconazo” marcó el inicio de un nuevo ciclo de violencias del Estado. Evidenció la intolerancia del régimen de Luis Echeverría hacia las demandas de democratización que exigían las comunidades estudiantiles de la UNAM, el IPN y en solidaridad con la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).


















