El frío aumenta el apetito; el cuerpo gasta más energía para mantenerse caliente

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Redacción/Grupo Marmor

Durante las temporadas de bajas temperaturas, las personas suelen experimentar un incremento en la sensación de hambre, un comportamiento que tiene explicación en los procesos naturales del organismo.

El cuerpo humano requiere más energía para mantener su temperatura estable cuando el ambiente es frío, lo que provoca un mayor gasto calórico. Como resultado, el cerebro envía señales que incrementan el apetito para compensar ese consumo adicional de energía.

A este fenómeno se suma que, en climas fríos, existe una mayor preferencia por alimentos calóricos, lo que contribuye a la percepción de un aumento en el hambre durante estas temporadas.