Jorge Rubio/Grupo Marmor
El próximo domingo 5 de julio, la selección de Inglaterra saltará a la cancha del Estadio Azteca para medirse ante México en los octavos de final del Mundial 2026. Más allá de la tensión por el boleto a la siguiente ronda, el partido carga con un peso místico ineludible para los británicos. Al pisar el césped del Coloso de Santa Úrsula, el equipo de los Tres Leones estará regresando exactamente al mismo escenario donde se escribió uno de los capítulos más icónicos, dolorosos y polémicos en toda la historia del balompié mundial.
Fue en los cuartos de final del Mundial de México 1986 cuando el Azteca atestiguó el legendario choque entre Argentina e Inglaterra, un partido impregnado de un fuerte misticismo social y deportivo. En una tarde calurosa de junio, el genio Diego Armando Maradona inmortalizó su nombre a costa del orgullo inglés mediante dos acciones que quedaron grabadas a fuego en la memoria colectiva: una picardía ilegal que desafió a la física y una obra de arte inalcanzable que rozó la perfección.
El primer golpe llegó al minuto 51, cuando Maradona saltó junto al arquero Peter Shilton y, en un movimiento tan rápido como prohibido, empujó el balón con el puño cerrado hacia la red. El árbitro validó la jugada y el astro argentino bautizaría después aquella acción como “La Mano de Dios”, dejando a los ingleses con una sensación de injusticia que arrastrarían durante décadas. Apenas cuatro minutos más tarde, el ’10’ compensaría la polémica firmando el “Gol del Siglo”, una carrera memorable donde dejó en el camino a media selección británica antes de vencer a Shilton en una demostración pura de genialidad.
Cuatro décadas después de aquella mítica tarde de 1986, el destino y el formato de este nuevo Mundial tripartito traen a Inglaterra de vuelta al templo del fútbol mexicano. Para la prensa y la afición inglesa, el Estadio Azteca no es un estadio cualquiera; es el recordatorio físico de una eliminación dolorosa y del día en que fueron víctimas de la trampa y el talento en su máxima expresión. Los fantasmas de Maradona y Shilton inevitablemente sobrevolarán las tribunas este domingo.
Ahora, la generación comandada por Harry Kane tiene la oportunidad de reescribir su propia historia en este imponente coliseo histórico. Enfrentar al anfitrión en un Azteca que rugirá con más de 80 mil almas será una tarea titánica, pero también representa la oportunidad perfecta para que Inglaterra destierre sus viejos demonios y construya un nuevo recuerdo memorable, esta vez de alegría, en el césped más sagrado del fútbol latinoamericano.
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