Jorge/Grupo Marmor
El esperado choque entre México e Inglaterra por los octavos de final del Mundial 2026 tiene un protagonista silencioso que podría definir el rumbo del partido: los 2,240 metros de altura sobre el nivel del mar de la capital mexicana. Mientras que el conjunto azteca cuenta con la ventaja de conocer y estar habituado a estas condiciones, para la escuadra británica representa un desafío físico y geográfico sin precedentes en el torneo, ya que la gran mayoría de sus seleccionados compiten todo el año a nivel del mar en la exigente Premier League.
El principal reto para los jugadores ingleses será la menor presión de la atmósfera, lo que se traduce en una menor cantidad de oxígeno captado en cada bocanada de aire. Aunque los futbolistas de élite poseen una capacidad cardiovascular sobresaliente, a esta altitud la sensación de fatiga y el “ahogo” aparecen mucho más rápido de lo habitual. El verdadero problema para el cuadro europeo no será realizar un sprint explosivo, sino el tiempo extra que le tomará a su ritmo cardíaco volver a la normalidad para recuperarse antes de la siguiente jugada de peligro.
Además del desgaste en el cuerpo, el cuerpo técnico de los “Three Lions” ha tenido que trabajar a contrarreloj para descifrar la física del balón en la CDMX. Al ser el aire menos denso, la pelota experimenta menos resistencia, lo que provoca que viaje más rápido y planee trayectorias más largas, reduciendo considerablemente el efecto o chanfle. Este factor puede llegar a arruinar el característico estilo inglés de trazos largos y centros precisos al área, obligando a sus mediocampistas a medir con extrema cautela la fuerza de cada pase para no regalar la posesión por las líneas de fondo.
Para mitigar estos efectos y combatir la deshidratación acelerada que provoca el aire seco de la capital, el staff médico de Inglaterra ha implementado un estricto protocolo de preparación que incluye el uso de tecnología avanzada y una estrategia de hidratación milimétrica. La planificación de la logística también ha sido clave en los días previos, debatiéndose entre una concentración larga de adaptación o una llegada de última hora para evitar que los síntomas más severos del llamado “mal de montaña”, como mareos o dolores de cabeza, se manifiesten durante los 90 minutos críticos de juego.
Esta comprensible desventaja física de los europeos es precisamente el arma secreta que la Selección Mexicana de Javier Aguirre buscará explotar desde el silbatazo inicial. Con el apoyo ensordecedor de la afición local y un planteamiento táctico de alta intensidad, el Tri intentará desgastar el fondo físico de los ingleses haciéndolos correr detrás del balón, apostando a que el factor de la altura pese en las piernas rivales durante el segundo tiempo y se convierta en el aliado perfecto para sellar el boleto a la siguiente ronda.


















