Redacción / Grupo Marmor
Soñar que se vuela es una de las experiencias más comunes, fascinantes y emocionalmente intensas que experimentan las personas. Especialistas en psicología y neurociencia coinciden en que este acto, el cual suele ocurrir principalmente durante la fase de sueño profundo o REM, está estrechamente asociado con sensaciones de libertad, crecimiento y optimismo. Simboliza de manera inconsciente el deseo de superación, la independencia frente a presiones cotidianas y la motivación para alcanzar nuevas metas personales.
A lo largo de la historia, diversas corrientes psicológicas han intentado descifrar el mensaje detrás de este fenómeno. Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, sugirió que volar en sueños refleja un profundo deseo de liberación emocional, física o psicológica para trascender límites. En un enfoque más contemporáneo, el investigador Michael Schredl asocia esta experiencia con personalidades creativas y abiertas a nuevas vivencias; mientras que disciplinas como la neurociencia explican que se trata de una construcción mental donde el cerebro combina recuerdos, deseos y emociones difíciles de expresar en la vida diaria.
Cabe destacar que el significado de esta ensoñación varía dependiendo del escenario y los elementos involucrados. Volar sobre un bosque apacible se interpreta como paz y éxito, mientras que hacerlo sobre un terreno rocoso advierte sobre obstáculos; por otro lado, si la experiencia culmina en una caída, puede reflejar miedo al fracaso o sensación de perder el control. Para disfrutar de este tipo de sueños reparadores y positivos, los expertos recomiendan mejorar los hábitos de sueño y asegurar un entorno de descanso libre de distracciones.
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