Redacción / Grupo Marmor
El síndrome o enfermedad de Sjögren es un trastorno autoinmune crónico que hace que el sistema inmunitario ataque por error a las glándulas sanas encargadas de producir lágrimas y saliva. Esta condición provoca una sequedad extrema principalmente en los ojos (xeroftalmia) y en la boca (xerostomía), afectando de manera significativa la calidad de vida de quienes la padecen.
Estudios y especialistas refieren que este padecimiento afecta predominantemente a las mujeres (con una proporción de nueve mujeres por cada hombre), manifestándose con mayor frecuencia entre los 40 y 55 años de edad, etapa en la que los cambios hormonales de la menopausia pueden influir en su desarrollo. Aunque se requiere de una predisposición genética, la activación de la enfermedad suele detonarse por factores ambientales o infecciones virales previas, como el virus de Epstein-Barr, la hepatitis C, el Coxsackie A o el SARS-CoV-2.
El síndrome se clasifica en dos vertientes: la forma primaria, cuando se presenta de manera aislada sin otro padecimiento autoinmune; y la forma secundaria, cuando aparece en pacientes que ya sufren de enfermedades como artritis reumatoide, lupus o esclerodermia. Además de la sequedad bucal y ocular (que puede derivar en caries severas, pérdida de piezas dentales e infecciones o úlceras corneales), la enfermedad puede provocar dolor articular, fatiga crónica, piel seca, tos persistente y afecciones en órganos como riñones, pulmones y el sistema nervioso.
Al no existir una cura definitiva, el tratamiento se enfoca en controlar la sintomatología y prevenir complicaciones. Los casos leves suelen manejarse mediante gotas lubricantes, sustitutos de saliva, hidratación constante y extremar la higiene bucal, mientras que los casos moderados o graves pueden requerir medicamentos antiinflamatorios, corticoesteroides e inmunosupresores bajo supervisión de un equipo multidisciplinario de salud.



















