Jorge Rubio/Grupo Marmor
Mientras algunas personas despiertan recordando cada detalle de sus historias nocturnas, otras sienten que su mente simplemente se apaga hasta la mañana siguiente. La neurociencia ha comenzado a descifrar por qué ocurre este contraste y la respuesta está en el funcionamiento de nuestro cerebro mientras descansamos.
El factor determinante es la actividad en la corteza temporoparietal, una zona cerebral ligada al procesamiento de información. Quienes recuerdan con frecuencia sus sueños suelen tener mayor actividad en esta región, lo que provoca microdespertares nocturnos imperceptibles. Esos breves segundos de vigilia son los que permiten transferir la imagen del sueño de la memoria a corto plazo a la de largo plazo antes de que se evapore.
A esto se suman factores como el momento exacto en que despertamos —si ocurre durante la fase REM, la retención es mucho mayor—, los niveles de estrés y la atención que cada persona le presta a sus propios pensamientos al despertar. Quienes no recuerdan lo que soñaron no significa que no lo hayan hecho, sino que su cerebro prefirió desechar la información para priorizar un descanso profundo.



















