Redacción/Grupo Marmor
Cada 25 de julio, millones de personas en todo el mundo, y de manera muy especial en España y América Latina, conmemoran el Día de Santiago Apóstol. Esta fecha no solo marca una de las festividades religiosas más antiguas del cristianismo, sino que también guarda una fascinante historia de fe, viajes transoceánicos y un profundo legado cultural que perdura hasta nuestros días.
Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles más cercanos a Jesús y hermano de San Juan, viajó a la península ibérica para predicar el evangelio tras la muerte de Cristo. Años más tarde, al regresar a Jerusalén, fue ejecutado por orden del rey Herodes Agripa I alrededor del año 44 d.C., convirtiéndose en el primer apóstol martirizado. Según la tradición cristiana, sus discípulos recogieron su cuerpo y lo embarcaron milagrosamente rumbo a las costas de Galicia, donde fue sepultado en secreto. No fue sino hasta el siglo IX cuando un ermitaño descubrió sus reliquias guiado por unas luces misteriosas en el cielo, lugar que pasó a llamarse Compostela, fijándose el 25 de julio para conmemorar el traslado y hallazgo de sus restos.
La relevancia de esta fecha cobró aún más fuerza en el siglo XII, cuando el Papa Calixto II concedió a la diócesis de Santiago de Compostela la celebración del Año Santo Jacobeo, privilegio que ocurre cada vez que el 25 de julio coincide en domingo y concede la indulgencia plena a los peregrinos del Camino de Santiago. Nombrado Patrono de España, su devoción cruzó el océano durante la época de la colonización, dejando una huella imborrable en América Latina en ciudades como Santiago de Chile, Santiago de Cuba, Santiago de Cali o Santiago de Querétaro. Como dato curioso, el propio nombre “Santiago” surgió de la rápida evolución de la invocación medieval “¡Sant Iacob, ayúdanos!”, frase que al repetirse continuamente derivó en el nombre propio que hoy conocemos.
















