Redacción/ Grupo Marmor
Mucho antes de que las imágenes espaciales se volvieran algo cotidiano, una pequeña sonda consiguió una fotografía que marcaría un momento especial en la exploración espacial.
El 18 de septiembre de 1977, la Voyager 1 dirigió sus cámaras hacia la Tierra y captó algo que hasta entonces ninguna otra nave había conseguido: nuestro planeta y la Luna apareciendo juntos en una misma imagen.
¿Lo sorprendente? La fotografía fue tomada cuando la sonda se encontraba a 11.66 millones de kilómetros de la Tierra, una distancia equivalente a unos 7.25 millones de millas.
En la imagen, ambos cuerpos aparecen como pequeñas figuras iluminadas en medio de la oscuridad del espacio. La fotografía no fue una sola toma: se utilizaron tres imágenes captadas con diferentes filtros de color, que posteriormente fueron procesadas por el Laboratorio de Procesamiento de Imágenes del JPL.
Había, además, un pequeño truco para hacer visible a nuestro satélite. Como la Tierra reflejaba mucha más luz que la Luna, los científicos aumentaron artificialmente el brillo de la Luna tres veces para que ambos cuerpos pudieran apreciarse con claridad.
La Voyager 1 había despegado apenas 13 días antes, el 5 de septiembre de 1977, desde Cabo Cañaveral, con Júpiter y Saturno entre sus principales objetivos. Lo que comenzó como una misión para explorar los planetas exteriores terminaría convirtiéndose en uno de los viajes espaciales más extraordinarios de la historia.
Hoy, aquella fotografía sigue siendo un recordatorio de algo que desde el espacio puede parecer diminuto: la Tierra y su Luna, juntas, flotando en la inmensidad del cosmos.



















