Redacción/ Grupo Marmor
El Instituto Nacional Penitenciario (Inpec) logró una insólita “captura” en los techos del centro de reclusión de Palogordo, en Ibagué: una paloma mensajera equipada con mercancía prohibida. Este evento dejó en evidencia cómo los reclusos están utilizando a las aves, ganándose su confianza mediante alimentación constante, para convertirlas en un sistema de entregas aéreas capaz de burlar los estrictos controles de seguridad.
Para lograr su cometido, los responsables le fabricaron al ave un arnés artesanal ajustado a las alas. En el material audiovisual documentado por las autoridades, se observa a un guardia del Inpec —vistiendo su uniforme de camuflaje azul y chaleco táctico— sosteniendo con cuidado a la paloma de plumaje blanco y negro. Justo en el lomo del animal, los funcionarios identificaron un pequeño paquete blanco envuelto en plástico.
Al retirar y abrir cuidadosamente el envoltorio incautado, los guardias revelaron su contenido: dos cables blancos para cargador de teléfono celular. Durante la grabación, los agentes señalan que el hallazgo quedará registrado como evidencia para alertar a los demás turnos de la guardia sobre estas nuevas modalidades de ingreso de elementos al penal.
A pesar de lo curioso y hasta anecdótico de la escena, no es la primera vez que las autoridades penitenciarias se enfrentan a estos “traficantes emplumados”. Sin embargo, tras descubrir el engaño y decomisar los artículos, los guardias del Inpec se topan con un vacío legal y procedimental: al no existir celdas para animales, la única acción posible es dejar a la paloma nuevamente en libertad, con la certeza de que, guiada por su instinto y el alimento, muy probablemente regresará al patio.


















