¿Qué significa pedir calaverita y cuál es su origen en México?

Niños pidiendo calaverita con disfraces y dulces durante las tradiciones del Día de Muertos en México.
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Redacción / Grupo Marmor

Cada año, cuando se acercan las celebraciones de Día de Muertos, niñas y niños salen a las calles con bolsas, recipientes en forma de calabaza y disfraces para tocar de puerta en puerta y preguntar: «¿Me da para mi calaverita?». Aunque hoy suelen recibir dulces, esta costumbre mexicana tiene una historia que va más allá de Halloween. En México, el 1 de noviembre es la fecha tradicional para pedir calaverita, aunque en muchas ciudades y colonias los niños también salen el 31 de octubre, coincidiendo con Halloween. En algunas comunidades la costumbre puede extenderse hasta el 2 de noviembre.

Pedir calaverita es una tradición popular relacionada con el Día de Muertos, en la que los pequeños recorren las calles para solicitar dulces, frutas, pan, monedas o algún alimento como parte de las celebraciones de noviembre.

La práctica se ha transformado con el paso del tiempo, pero conserva un vínculo con las costumbres comunitarias y las ofrendas dedicadas a los difuntos.

¿Qué significa pedir calaverita?

La expresión «pedir calaverita» hace referencia a la costumbre de solicitar algún obsequio durante las fechas dedicadas a recordar a los seres queridos que fallecieron.

En distintas comunidades, los niños visitaban las casas con recipientes que representaban calaveras y pedían alimentos o monedas. En algunos lugares también se acostumbraba compartir productos de las ofrendas, como pan y fruta.

Actualmente, la tradición suele relacionarse con los dulces que reciben los pequeños cuando recorren las calles disfrazados, aunque las formas de celebrarla cambian de acuerdo con cada región.

¿Cuál es el origen de pedir calaverita en México?

No existe una fecha exacta que permita determinar cuándo comenzó esta tradición. De acuerdo con la Secretaría de Educación Pública (SEP), una de las historias populares sobre su origen cuenta que un niño huérfano, que no tenía recursos para preparar una ofrenda para sus padres, comenzó a recorrer las casas para pedir frutas, pan y dulces.

Esta narración explica por qué se popularizó la frase «¿Me da para mi calaverita?». Sin embargo, se trata de una versión transmitida por la tradición oral y no de un acontecimiento histórico comprobado.

Por otra parte, existen registros etnográficos que documentan la práctica en comunidades del entonces Distrito Federal durante las primeras décadas del siglo XX.

Una investigación publicada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) recoge testimonios de habitantes de Culhuacán e Iztapalapa, quienes recordaban que desde las décadas de 1930 y 1940 los niños salían a pedir «el huesito» o «calaverita».

En aquel entonces, llevaban chilacayotes a los que les hacían orificios para representar los ojos y la boca de una calavera. En su interior colocaban una vela que iluminaba el recorrido mientras visitaban las viviendas.

¿Por qué antes se utilizaban chilacayotes para pedir calaverita?

El chilacayote, un fruto parecido a una calabaza, era uno de los elementos característicos de esta costumbre.

Los niños aprovechaban su cáscara para tallar un rostro parecido al de una calavera y colocaban una vela en su interior. Así, el recipiente funcionaba como una especie de lámpara durante los recorridos nocturnos.

Con el paso de los años, estos recipientes fueron sustituidos por cajas de cartón y, posteriormente, por calabazas de plástico. También cambiaron los obsequios: las monedas, frutas y preparaciones tradicionales dieron paso, en muchos lugares, a los dulces empaquetados.

¿Pedir calaverita es una tradición diferente a Halloween?

Aunque actualmente ambas celebraciones pueden coincidir en las calles, no significan lo mismo.

Halloween se celebra el 31 de octubre y se relaciona con la costumbre de disfrazarse y pedir dulces mediante la frase «dulce o truco». En cambio, pedir calaverita está vinculado con las celebraciones mexicanas de Día de Muertos y tiene antecedentes documentados en comunidades del país desde antes de que la influencia de Halloween se extendiera.