Redacción / Grupo Marmor
El Año Nuevo Chino, también conocido como Festival de la Primavera, es la festividad más relevante en China y en diversas comunidades asiáticas alrededor del mundo. A diferencia del calendario gregoriano, esta celebración se rige por el calendario lunar, por lo que su fecha varía cada año y suele ubicarse entre finales de enero y mediados de febrero.
La festividad se extiende por 15 días, iniciando con la víspera del Año Nuevo y concluyendo con el Festival de los Faroles. Durante este periodo, millones de personas se desplazan para reunirse con sus familias, en lo que se considera la mayor migración humana anual. Las reuniones familiares y las cenas tradicionales representan uno de los momentos centrales de la celebración.
Entre las costumbres más representativas se encuentran la decoración de hogares con colores rojos, símbolo de buena fortuna y protección contra la mala suerte, así como el uso de fuegos artificiales y espectáculos de danzas del dragón y del león, que buscan atraer prosperidad y alejar los malos espíritus.
Otro elemento fundamental es la entrega de los sobres rojos (hongbao), que contienen dinero y se obsequian principalmente a niños y personas jóvenes como deseo de bienestar, éxito y abundancia en el nuevo ciclo. Asimismo, cada año está asociado a uno de los 12 animales del zodiaco chino, los cuales influyen simbólicamente en la personalidad y la suerte del periodo que comienza.
Además de su carácter festivo, el Año Nuevo Chino tiene un profundo significado cultural y espiritual, al representar un tiempo de renovación, agradecimiento y buenos augurios. Por ello, previo a la celebración es común realizar una limpieza profunda de las viviendas, con la finalidad de dejar atrás la mala fortuna y dar la bienvenida a un nuevo comienzo.



















