La crisis energética en Cuba alcanzará este sábado uno de sus puntos más críticos. De acuerdo con previsiones oficiales, hasta el 63% del territorio nacional sufrirá cortes simultáneos de electricidad durante el horario de mayor consumo, una cifra que marca el nivel más alto registrado hasta ahora.
Este porcentaje supera el máximo estimado hace apenas diez días, cuando se anticipó que el 62% de la isla quedaría sin servicio eléctrico. Además, representa el peor registro desde 2022, año en que comenzaron a difundirse de forma sistemática los datos oficiales sobre apagones.
Según la empresa estatal Unión Eléctrica (UNE), para el horario pico de la tarde-noche se espera una demanda de 3 mil 040 megavatios (MW), mientras que la capacidad real de generación apenas alcanzará los 1 mil 160 MW. Esto generará un déficit de 1 mil 880 MW y una afectación estimada de hasta 1 mil 910 MW para evitar desconexiones descontroladas.
El panorama se agrava debido a que ocho de las 16 unidades termoeléctricas operativas se encuentran fuera de servicio por fallas técnicas o trabajos de mantenimiento. Estas plantas aportan, en promedio, alrededor del 40% de la energía que consume el país.
Aunque la UNE ya no detalla cuántos motores de generación distribuida están detenidos por falta de combustible o lubricantes, los datos disponibles sugieren que el número de equipos fuera de operación ha ido en aumento en los últimos días, alcanzando niveles sin precedentes.
La situación ocurre en un contexto de fuerte presión internacional. Desde mediados de 2024, la isla enfrenta una crisis energética profunda causada por el deterioro de su infraestructura eléctrica y la escasez de divisas para importar combustible. A ello se suma el endurecimiento de las medidas de Estados Unidos, que ha presionado para frenar el suministro de petróleo proveniente de Venezuela.
Washington también anunció recientemente aranceles contra países que vendan o suministren crudo a Cuba, al considerar a la isla como una amenaza para su seguridad nacional, lo que incrementa las dificultades para garantizar el abasto energético.
Especialistas independientes señalan que el origen del problema es una infrafinanciación sostenida del sector eléctrico, controlado por el Estado desde 1959. Los apagones prolongados han tenido un impacto directo en la economía cubana, que se ha contraído más de un 15% desde 2020, y han sido un factor clave detrás de las protestas sociales registradas en los últimos años.




























