Julieta Coria/Grupo Marmor
Un Estadio Morelos repleto esperaba al ídolo michoacano. Como una ráfaga fresca que vino a calmar el calor sofocante de los últimos días, así llegó Marco Antonio Solís la noche previa al Día de las Madres en Morelia.
Faltaban apenas 30 minutos para el momento esperado cuando Mar Solís, desconocida para muchos asistentes, intentaba encender el ánimo del estadio. Pero la multitud tenía claro a quién quería ver. Desde las gradas más altas comenzaron a escucharse los gritos:
—“¡No queremos a la hija!”
—“¡Que salga Marco!”
Cerca de las 10 de la noche, un baile regional anunció que el momento había llegado. La ola recorría el estadio de un extremo a otro mientras el júbilo se desbordaba entre miles de personas que esperaban al semidiós de la música romántica.
21:55 en punto.
El estruendo de la batería marcó la llegada de “El Buki”, vestido con un brillante traje blanco. Los primeros acordes de “No Puedo Olvidarla” desataron la nostalgia y el coro monumental de un estadio entero cantando al unísono.
“Qué honor estar en esta tierra que me vio nacer”, dijo Marco Antonio Solís ante el aplauso de miles de paisanos.
La noche avanzó entre recuerdos, lágrimas y parejas abrazadas con canciones como “Si ya no te vuelvo a ver” “Cuando te acuerdes de mi” y “Un cariño tan bonito” que puso a bailar a familias enteras desde sus lugares.
Después llegaron clásicos que encendieron aún más al Morelos: “El masoquista”, “Mi lado izquierdo ” y “El perdedor”.
Pero uno de los momentos más intensos llegó con “Tu cárcel”. Bastaron los primeros acordes para que el estadio explotara en un coro gigantesco.
Más tarde, “Te amo mamá” tocó el corazón de cientos de asistentes que abrazaron a sus madres mientras otros levantaban la mirada al cielo entre lágrimas.
La nostalgia continuó con “Sigue sin mi”, hasta llegar al cierre perfecto de la noche:
“La venia bendita”.
El Estadio Morelos se convirtió en una sola voz. Mujeres llorando, parejas bailando abrazadas y miles de personas cantando cada palabra.
Y entre aplausos y emoción, una frase se repetía desde todos los rincones:
—“¡Eres grande, Marco!”



















