Redacción / Grupo Marmor
Sudoración en las manos, taquicardia, el estómago revuelto y hasta ganas de gritar. Con el Mundial 2026 a la vuelta de la esquina y el debut de la Selección Mexicana a unas horas, millones de aficionados experimentan estos síntomas. Pero, ¿alguna vez te has preguntado por qué sufrimos tanto al ver 90 minutos de futbol? La ciencia tiene la respuesta.
De acuerdo con especialistas en psicología deportiva y neurociencia, el cerebro humano no siempre distingue entre una amenaza real física y el estrés emocional de ver a tu equipo favorito jugarse la vida en la cancha. Cuando arranca el partido, nuestro cuerpo libera una fuerte dosis de adrenalina y cortisol (la hormona del estrés), lo que acelera el ritmo cardíaco y tensa los músculos, preparándonos para “huir o pelear”, aunque estemos sentados en el sillón de nuestra casa.
A esto se le suma el poderoso efecto de las neuronas espejo. Estas células cerebrales nos permiten empatizar profundamente con los jugadores, haciéndonos sentir y vivir cada jugada, barrida o falla casi como si nosotros estemos corriendo en el campo. Por eso sentimos el impulso físico de “patear” el balón cuando un delantero está frente a la portería.
Finalmente, está el factor de la identidad grupal. A nivel psicológico, la Selección Mexicana representa una extensión de nosotros mismos y de nuestro sentido de pertenencia. Si el equipo anota, el cerebro nos recompensa con un subidón de dopamina (la hormona de la felicidad); pero si pierde o está en peligro de ser eliminado, lo procesamos neurológicamente como un fracaso personal. Así que ya lo sabes, no es solo “pasión”, es tu biología reaccionando al futbol.


















