Jorge Rubio/Grupo Marmor
Con el silbatazo inicial de la Copa del Mundo de 2026, el astro portugués está haciendo historia pura al disputar su sexto Mundial. Sin embargo, el factor tiempo y el contexto actual de su carrera nos indican que este torneo en Estados Unidos, Canadá y México representa, casi con total seguridad, su “último baile” en la máxima cita del fútbol.
Cristiano ha desafiado a la genética durante toda su carrera, pero el tiempo no perdona a nadie. Actualmente tiene 41 años. Para el próximo Mundial en 2030 (que precisamente se jugará principalmente en España, Marruecos y Portugal), CR7 tendría 45 años. Llegar a ese nivel de exigencia física a esa edad, incluso para un atleta con su disciplina, parece una misión prácticamente imposible para un delantero de élite.
El recambio generacional en Portugal
Aunque el técnico Roberto Martínez lo mantiene como el delantero referente y capitán en el arranque del torneo, el debate en Portugal está más vivo que nunca. La selección lusa cuenta con una de las generaciones más talentosas y jóvenes de su historia (con nombres como Bruno Fernandes, Rafael Leão, Bernardo Silva y Gonçalo Ramos). El rol de Cristiano ha tenido que evolucionar hacia uno de mayor dosificación y liderazgo en el vestidor, aceptando que ya no puede cargar con todo el peso del ataque los 90 minutos de cada partido.
La obsesión con la última gran deuda
A pesar de tener las vitrinas llenas y ser el máximo goleador histórico de selecciones, a Cristiano se le ha resistido históricamente la fase de eliminación directa en los Mundiales: nunca ha anotado un gol en rondas de muerte súbita (octavos, cuartos o semifinales). Sabiendo que esta es su última oportunidad real de levantar el único trofeo que le falta y sacudirse esa estadística.


















