El futbolito de mesa tiene otro origen: esta es su historia

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Redacción / Grupo Marmor

El “futbolito” de mesa es uno de los pasatiempos más entrañables y arraigados en la cultura popular de México, presente en escuelas, mercados, cantinas y centros recreativos al grado de ser considerado por muchos como un invento nacional. Sin embargo, la verdadera historia de este juego se remonta a Europa de la primera mitad del siglo XX, donde naciones como Alemania, Francia y España se disputan formalmente su creación original.

Las investigaciones históricas más aceptadas sitúan los primeros indicios de este pasatiempo hacia finales de la década de 1920 en los valles y zonas montañosas de Alemania. Debido a las bajas temperaturas y las intensas nevadas invernales que impedían jugar en las canchas tradicionales, los habitantes locales idearon el Tischfußball (fútbol de mesa) o Kicker al interior de las tabernas comunitarias, tallando las primeras mesas y jugadores completamente de madera para mantener viva la pasión por este deporte bajo techo.

Casi de forma simultánea, en Francia cobró gran relevancia el denominado baby-foot, mientras que en España se consolidó otra vertiente muy famosa atribuida al inventor Alejandro Finisterre, quien desarrolló y patentó una versión propia durante la Guerra Civil Española para que los niños heridos en los hospitales pudieran jugar balompié. No fue sino hasta el periodo de posguerra, entre 1948 y 1949, cuando diversas empresas comenzaron a industrializar la producción de estas mesas operadas por fichas o monedas, estandarizando las barras metálicas y figuras de plástico que conocemos en la actualidad.

Aunque la tecnología y el diseño original provienen del viejo continente, la sociedad mexicana adoptó el objeto con una intensidad única. En México, el futbolito dejó de ser un simple juguete doméstico para transformarse en un pilar de la memoria colectiva, la competencia de barrio y la convivencia generacional, desarrollando reglas y códigos de juego netamente propios.