#VIDEO // Critican a la dueña del Pato Merlín por figura esotérica; ella pide respeto a sus creencias

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Redacción / Grupo Marmor

La creadora de contenido conocida por ser la dueña del famoso Pato Merlín se encuentra en medio de un intenso debate en las plataformas digitales, luego de que publicara un video mostrando los interiores de su nueva casa. Durante el recorrido virtual por su habitación, la cámara logró captar accidentalmente una figura de Baphomet acomodada junto a otros objetos espirituales, lo que de inmediato llamó la atención de miles de internautas que comenzaron a cuestionar las prácticas personales de la joven influencer.

Ante la ola de comentarios y especulaciones que incluso la acusaban de hacer pactos oscuros para conseguir la enorme fama de su mascota, Karla decidió romper el silencio para aclarar la situación. La joven explicó que dicho objeto simplemente forma parte de sus creencias personales, dejando en claro que nunca ha intentado imponer su espiritualidad a nadie y pidiendo respeto hacia su vida privada, ya que los rumores sobre supuestos rituales carecen de cualquier tipo de sustento real.

El principal motivo de esta controversia radica en el desconocimiento general sobre lo que realmente significa esta imagen, la cual surgió históricamente durante los juicios contra los templarios en el siglo 14 y fue rediseñada hasta 1856 por el ocultista francés Éliphas Lévi. Lejos de las interpretaciones tradicionales que la asocian directamente con el mal, diversas corrientes esotéricas y filosóficas ven en esta representación un símbolo del equilibrio, el conocimiento y la transformación, sin relacionarlo con entidades sobrenaturales malignas.

A pesar de las fuertes críticas que inundaron el internet, desde el punto de vista legal no existe ningún impedimento para que una persona posea este tipo de figuras dentro de un domicilio particular en nuestro país. El artículo 24 de la constitución mexicana garantiza plenamente el derecho a la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión, permitiendo que cualquier ciudadano pueda profesar las creencias que desee y conservar objetos relacionados con ellas, siempre y cuando no se afecten los derechos de terceros.