Redacción / Grupo Marmor
A sus 49 años, Lizzette García Acuña vive confinada en la colonia Industrial de la alcaldía Gustavo A. Madero padeciendo las consecuencias irreversibles de la esclerosis múltiple, enfermedad autoinmune diagnosticada cuando tenía 18 años. Tras una crisis severa vivida a los 36 que le arrebató la autonomía, hoy enfrenta pérdida parcial de la visión, fallas de memoria, incontinencia y la imposibilidad de autorregular su temperatura corporal, lo que la obliga a dormir frente a tres ventiladores. Ante el desgaste físico y la falta de alternativas, Lizzette ha tomado la decisión firme de exigir al Congreso de la Unión la aprobación de la “Ley Trasciende” para acceder a una eutanasia legal y poner fin a su sufrimiento.
La progresión de su padecimiento la obligó a abandonar su carrera profesional en Comercio Exterior y Aduanas, además de enfrentar el abandono de su pareja y el aislamiento social. Su cuidado recae por completo en su madre, Rosalba Acuña, una adulta mayor de 76 años recientemente intervenida por problemas cervicales y peritonitis. Ambas sobreviven en una vivienda deteriorada, enfrentando la falta de infraestructura urbana y el rechazo del transporte público, sostenidas únicamente por el arrendamiento de un cuarto y por una pensión por discapacidad de 3,200 pesos bimestrales que resulta insuficiente para cubrir insumos básicos, pañales y traslados.
El sistema público de salud ha agravado su deterioro, debido a que los medicamentos especializados indicados por el IMSS resultan inalcanzables económicamente o provocan secuelas hepáticas y renales severas, al grado de que los propios médicos le advirtieron que no fallecería por la esclerosis, sino por falla orgánica derivada de las complicaciones. Intentos previos de Lizzette por promover amparos judiciales para exigir un mínimo vital o conseguir apoyos gubernamentales derivaron en cobros impagables de honorarios legales y promesas incumplidas por parte de legisladores locales.
Tras escuchar el testimonio de la activista Samara Martínez, impulsora de la Ley Trasciende que busca regular la eutanasia y el suicidio médicamente asistido en México, Lizzette envió una carta virtual a senadores solicitando ser considerada en el dictamen. Según análisis técnicos de organizaciones civiles, la iniciativa podría beneficiar a unas 65 personas al día. Lizzette cumple con todos los requerimientos planteados: es mayor de edad, conserva sus facultades mentales, padece un dolor físico y psíquico intratable y expresa una voluntad libre e irreversible de dejar de sufrir.
Pese a la oposición de su madre por convicciones religiosas, Lizzette mantiene su postura de no prolongar una agonía innecesaria ni convertirse en una carga para su hermano si su cuidadora llega a faltar. Afirma que tras más de una década sin control sobre su cuerpo ni su vida, la eutanasia representa la única vía digna frente a una enfermedad crónico-degenerativa que le ha ido desmembrando la existencia sin dejar más opciones.



















