“Ser madre o tener que ser madre buscadora”: El dolor que se convirtió en el principal motor de justicia en México

Banner

Redacción / Grupo Marmor

Este 10 de mayo, mientras millones celebran la maternidad, miles de mujeres en el país enfrentan una realidad radicalmente distinta: la de ser madre buscadora. En México, este término define a quienes, ante la inacción estatal y una cifra acumulada que superó las 133 mil personas desaparecidas al cierre de 2025, han tenido que liderar la búsqueda de sus seres queridos enfrentando riesgos extremos.

Más del 90% de quienes integran los más de 234 colectivos de búsqueda son mujeres (madres, hermanas e hijas) que recorren terrenos peligrosos, desiertos y basureros, encontrando por su propia cuenta más cuerpos en fosas clandestinas que las autoridades.

La labor de estas mujeres representa un desafío directo al crimen organizado y a las omisiones institucionales, lo que las sitúa en una vulnerabilidad extrema donde el 97% reporta haber sufrido algún tipo de violencia relacionada con su labor. Desde el año 2011, al menos 30 familiares buscadores han sido asesinados en el país, de los cuales el 63 por ciento eran madres que murieron sin encontrar respuesta. Este peligro no detiene sus brigadas, en las cuales utilizan herramientas propias como varillas en forma de “T” para detectar restos en el subsuelo, logrando localizar a más de 1,230 personas sin vida y a 1,300 con vida desde 2019. Sin embargo, este esfuerzo cobra una factura en su salud física y emocional, manifestándose en cuadros de ansiedad, depresión y un desgaste económico derivado de la pérdida de empleos y redes de apoyo social.

Las estadísticas oficiales de 2025 y las proyecciones para 2026 muestran una crisis que no cede, con un promedio de 35 a 41 nuevas desapariciones diarias a nivel nacional y una concentración crítica en estados como Jalisco, Tamaulipas y Veracruz. A pesar de este panorama, las organizaciones civiles denuncian que el Estado mexicano destina recursos insuficientes, pues en 2024 apenas se asignó el 0.036 por ciento del presupuesto total a las tareas de identificación humana. Aunque para 2026 se oficializó una partida de 889 millones de pesos para la Comisión Nacional de Búsqueda, los colectivos exigen que estos recursos se traduzcan en apoyo técnico real y protección efectiva, ya que actualmente operan prácticamente solas en el rastreo de los más de 4,800 sitios clandestinos ubicados en las últimas décadas.

Esta lucha tiene sus raíces en figuras pioneras como Rosario Ibarra de Piedra y el Comité Eureka de los años 70, pero la militarización y la violencia actual han escalado la problemática a niveles históricos. Mientras el país se detiene a festejar, estas mujeres continúan caminando por campos y centros de readaptación, recordándonos que su maternidad se ha transformado en un grito de exigencia que no descansará hasta encontrar la verdad, demostrando que el amor de una madre es la fuerza más resiliente frente a la tragedia y el olvido.