Redacción / Grupo Marmor
Este lunes 8 de junio, las autoridades internacionales confirmaron que la tragedia en el sur de Filipinas se ha agravado, actualizando la cifra a por lo menos 32 decesos y más de 200 heridos tras el devastador terremoto de magnitud 7.8. Los reportes oficiales indican que la mayoría de las muertes documentadas hasta el momento fueron causadas por severos deslizamientos de tierra que sepultaron diversas aldeas.
El violento movimiento telúrico, con epicentro en el mar a 10 kilómetros de profundidad, destrozó edificaciones y provocó apagones generalizados, afectando principalmente a la región de Soccsksargen. Entre las zonas más golpeadas se encuentran las provincias de Cotabato Sur, Sultan Kudarat, Sarangani y la ciudad de General Santos, la cual alberga a más de 700 mil habitantes.
La magnitud del desastre encendió las alarmas en toda la región del Cinturón de Fuego del Pacífico. El Centro de Alerta de Tsunamis documentó olas que alcanzaron los tres metros de altura golpeando las costas, mientras que el Servicio Geológico de Estados Unidos ha registrado intensas réplicas de hasta 6.5 de magnitud. Ante el peligro inminente, países vecinos como Malasia e Indonesia previnieron a sus ciudades costeras por olas de hasta un metro, y Japón emitió alertas para las islas de Okinawa.
Ante el caos y la destrucción, el presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos Jr., ordenó la suspensión del inicio del ciclo escolar y urgió a la población a realizar evacuaciones inmediatas. “Diríjanse a zonas más elevadas ahora mismo. No esperen. Su vida es más importante que cualquier cosa que dejen atrás”, fue el dramático llamado del mandatario, mientras los equipos de rescate continúan buscando sobrevivientes entre los escombros y la tierra.



















