Casi 300 jugadores naturalizados en las selecciones del Mundial 2026

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Redacción / Grupo Marmor

La Copa Mundial de la FIFA 2026 no solo pasará a la historia por su expansión a 48 selecciones nacionales, sino por consolidarse de manera definitiva como el torneo más transfronterizo e intercultural jamás disputado. De acuerdo con los registros oficiales de las convocatorias, un total de entre 286 y 289 futbolistas disputarán la justa defendiendo la camiseta de un país distinto al de su nacimiento; es decir, prácticamente uno de cada cuatro jugadores en el torneo es naturalizado o elegible por ascendencia. Esta cifra pulveriza el récord previo de Qatar 2022, edición en la que participaron 137 jugadores bajo esta condición.

El fenómeno de las migraciones, las diásporas geopolíticas y la flexibilización de las reglas de la FIFA aprobadas en 2020 han redibujado el mapa del fútbol global. El caso más extremo en esta edición lo protagoniza la selección de Curazao: el combinado caribeño hace historia en su debut mundialista con un plantel donde 25 de sus 26 seleccionados nacieron en los Países Bajos, vinculados por lazos históricos y políticos. En contraparte, Francia se consolida como el principal “exportador” de talento del planeta, con 72 futbolistas nacidos en territorio galo que hoy juegan para otras 11 naciones (principalmente africanas), lo que equivaldría a formar tres planteles completos de élite. En el extremo opuesto, la identidad nativa resiste en apenas ocho países que acudieron al torneo sin un solo extranjero en sus filas, entre ellos Brasil, Colombia, Austria y Sudáfrica.

La lista incluye a los mexicoestadounidenses Brian Gutiérrez y Obed Vargas (nacidos en Chicago y Alaska, respectivamente), así como a Santiago Giménez (nacido en Argentina pero criado en México desde los dos años). A ellos se suman el atacante de origen colombiano Julián Quiñones, autor del primer gol del Tri en el torneo, y el mediocampista español Álvaro Fidalgo, quien tras recibir su carta de naturalización hace apenas unos meses, debutó como titular en la justa mundialista. Así, entre vestidores donde se mezclan idiomas e historias de superación que iniciaron en campos de refugiados, el balón demuestra que en 2026 la patria futbolística se lleva en el corazón y no en el acta de nacimiento.