Redacción / Grupo Marmor
La capital de Irán se ha convertido en el epicentro de una histórica y multitudinaria despedida para el fallecido líder supremo Alí Jameneí, asesinado el pasado 28 de febrero en un ataque aéreo perpetrado por Estados Unidos e Israel en el inicio de la guerra. Este domingo, durante el segundo día de las exequias, más de un millón de fieles se congregaron en la Mezquita del Imam Jomeini y en el Gran Mosalla de Teherán para participar en una oración colectiva masiva encabezada por el clérigo chií de 97 años, el ayatolá Jafar Sobhani. Las autoridades calculan que hasta 20 millones de personas participarán en los funerales del hombre que dirigió los destinos de la República Islámica durante más de 36 años.
La ceremonia lució abarrotada por dolientes vestidos de negro, banderas y pancartas que exigían represalias, en un ambiente encendido por el poeta Mohammad Rasouli, quien a través de los altavoces cuestionó de forma directa por qué el presidente estadounidense Donald Trump seguía vivo, desatando cánticos generalizados de “¡Muerte a Estados Unidos!” y “¡Muerte a Israel!”. Al acto religioso asistieron el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, el jefe del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf, el jefe de la Guardia Revolucionaria, el general Ahmad Vahidi, y el líder de la Fuerza Quds, Esmail Qaani; sin embargo, el gran ausente fue el nuevo líder supremo, el ayatolá Moytabá Jameneí (hijo del fallecido), quien presuntamente se encuentra escondido tras haber resultado herido en el bombardeo donde murió su padre y debido a las amenazas de Israel en su contra. Mientras tanto, desde Washington y con motivo del 250º aniversario de la fundación de EE. UU., Donald Trump se jactó del éxito militar afirmando: “Miren a Venezuela, miren a Irán. Lo borramos, borramos a sus fuerzas armadas”.
Apenas 12 kilómetros separan la masiva e ideológica concentración en la mezquita Mosala de la lujosa calle Fereshteh, al norte de Teherán, pero entre ambos puntos se extiende un abismo existencial. Mientras miles de mujeres con chador tradicional lloran la pérdida de Jameneí, a pocas calles de distancia, una juventud moderna y ajena a los funerales toma capuchinos en terrazas al ritmo de música occidental. En Fereshteh, las mujeres pasean sin velo y maquilladas, manteniendo la resistencia civil iniciada tras la muerte de Mahsa Amini en 2021. Los jóvenes en los cafés recuerdan la brutal represión de las protestas de enero, que dejaron cerca de 7,000 muertos a manos del Estado, y manifiestan su anhelo de libertades sociales, de expresión y un futuro económico digno, lejos del régimen teocrático que analistas internacionales calculan que ya solo cuenta con el apoyo de entre el 15 % y 20 % de la población.
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