Claudia Luna Palencia / Grupo Marmor
El tradicional odio entre argentinos y británicos ha vuelto a encenderse, tras la mecha ardiente, del partido en el Mundial jugado por el selectivo británico contra el argentino que terminaron perdieron 1-2.
En medio de las celebraciones de los jugadores argentinos en el estadio en Atlanta, algunos de ellos desplegaron una tela blanca con letras negras bastante vistosas señalando que: “Las Malvinas son Argentinas”.
La eterna polémica colonialista que ya llevó a enfrentar en una guerra a argentinos y británicos, tal y como aconteció el 2 de abril de 1982, cuando el general de brigada, Mario Benjamín Menéndez, inició la invasión de las islas Malvinas y desalojaron al gobierno británico.
Reino Unido contraatacó y esa gesta bélica terminó saldándose con 649 argentinos fallecidos y 255 británicos; y, el gobierno británico terminó recuperando el control de las Malvinas.
Ahora, 44 años después, el propio presidente de Argentina, Javier Milei, ha declarado que las Malvinas son territorio argentino y que habría que revisar ese estatus ante la ONU.
Esa polémica se ha colado al Mundial y al mismísimo partido entre ambas selecciones; el propio primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, declaró hoy que la FIFA debería investigar a los jugadores argentinos que exhibieron dicha pancarta proclamando que su país es dueño de las Malvinas.
Starmer, que vio el partido mientras viajaba en tren a Ucrania para el último viaje al extranjero de su corto mandato, respaldó una petición de Peter Kyle, secretario de Empresa, para que la FIFA investigara qué normas podrían haberse infringido.
De acuerdo, con Starmer: “Puede que la Copa del Mundo no sea nuestra, pero las islas Malvinas definitivamente sí. Nuestra posición no ha cambiado. La autodeterminación depende de los isleños y nuestro compromiso con las Malvinas nunca flaqueará”.
El primer ministro reiteró que, si bien está siendo un Mundial fantástico, toda proclama y acción política debería mantenerse al margen de un juego como el fútbol.
Por lo pronto, hay un debate al respecto en los medios de comunicación británicos mientras crece la indignación ante una polémica innecesaria que muchos creen no tiene caso reavivar.


















