#VIDEO // Muere niña violinista que tocó para el Papa en Acarigua, Venezuela; su madre denuncia negligencia

Banner

Redacción / Grupo Marmor

El mundo de la música se encuentra de luto tras confirmarse el fallecimiento de Romina Rivera Cruz, una niña violinista de nueve años originaria de Acarigua, Venezuela. La pequeña prodigio, quien integraba la Sinfónica Nacional Infantil de su país, murió tras permanecer diez días internada debido a complicaciones respiratorias. Su notable talento la había llevado a destacar internacionalmente, llegando a tocar su instrumento frente al papa Francisco en el Vaticano.

Desde sus primeros años de edad, la joven artista fue diagnosticada con fibrosis quística, una condición genética y crónica que compromete el funcionamiento pulmonar y del sistema digestivo. A pesar de someterse a continuos tratamientos y terapias de rehabilitación pulmonar, su salud sufrió un deterioro crítico recientemente en el hospital del estado de Portuguesa. El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela lamentó profundamente su partida a través de un comunicado oficial.

Tras el deceso, Claribeth Cruz, madre de la menor, denunció públicamente una serie de presuntas negligencias durante el internamiento de su hija en el hospital Jesús María Casal Ramos de Acarigua. La señora aseguró que la niña fue atendida por médicos que desconocían la patología y le negaron el derecho de ser revisada por su neumonólogo de cabecera. Asimismo, señaló que el personal le realizó series de estudios innecesarios que terminaron por descompensar gravemente a la paciente.

En su declaración, la madre lamentó que la falta de conocimiento del personal médico truncara los sueños de la violinista y afirmó que su hija fue utilizada como objeto de estudio y práctica por los doctores de guardia. Cabe recordar que, en octubre de 2025, Romina formó parte de una delegación que viajó a Roma para las actividades de canonización de santos venezolanos. Durante aquella visita, interpretó un destacado solo de violín en la obra Danzón n.º 2 que le valió el aplauso internacional.