“Tú eres mío, ella no”: ¿Fue el Síndrome de Electra el detonante del feminicidio en Polanco?

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Redacción / Grupo Marmor

El feminicidio de la exreina de belleza Carolina Flores Gómez, ocurrido el pasado 15 de abril, sigue causando controversia tras la viralización de un video donde se observa a Erika María “N”, suegra de la víctima, accionar un arma contra la joven de 27 años. El material ha dejado una frase que resuena con fuerza en los perfiles criminalísticos: “Nada, me hizo enojar… tú eres mío, ella no”. Estas palabras, dirigidas a su hijo inmediatamente después del ataque, sugieren una patología profunda en el vínculo entre madre e hijo.

Especialistas en psicología, como Javier Urra y Mario C. Salvador, señalan que el deseo de exclusividad hacia los padres (conocido como complejo de Edipo en niños y síndrome de Electra en niñas) es una etapa normal en el desarrollo entre los tres y seis años. Sin embargo, el caso de Polanco apunta a una “triangulación” tóxica que nunca fue superada. Según la teoría, el riesgo surge cuando un progenitor atrapa al hijo para que funcione como sustituto de una pareja ausente, convirtiéndolo en su confidente emocional y centro de su existencia.

En este escenario, la suegra de Carolina habría mantenido una idealización y una posesividad extrema hacia su hijo, viendo en la nuera no a un familiar, sino a una competidora que amenazaba con desplazarla de forma definitiva. La declaración de la madre de la víctima refuerza esta hipótesis de un vínculo obsesivo; la agresora, quien fue candidata política en Ensenada, no solo mantenía conflictos cotidianos con Carolina, sino que la saña del ataque (12 disparos dirigidos al rostro y cuello) denota una carga de odio y rechazo absoluto hacia la figura que “rompía” la exclusividad con su descendiente.

Para los expertos, lo patológico no radica en el vínculo afectivo inicial, sino en la incapacidad del adulto para establecer límites emocionales sanos. En este caso, dicha disfunción derivó en un arrebato de violencia justificado bajo una premisa de “propiedad”. Mientras Erika María “N” permanece prófuga, el esposo de la víctima enfrenta cuestionamientos por el retraso en la notificación del crimen. La sombra de una dinámica familiar disfuncional, donde los roles de madre y pareja se traslaparon peligrosamente, permanece como el eje central de este trágico suceso que mantiene en vilo a la opinión pública.