Redacción / Grupo Marmor
Los aficionados de la selección de Japón volvieron a convertirse en el fenómeno viral del torneo tras el agónico empate 2-2 de los “Samuráis Azules” frente a su similar de Países Bajos en el Dallas Stadium de Arlington, Texas. Lejos de abandonar el recinto de inmediato para celebrar el resultado del Grupo F, cientos de hinchas nipones permanecieron en sus asientos para recolectar de manera ordenada envoltorios, vasos vacíos y todo tipo de desechos.
Lo que más llamó la atención de los asistentes y de la prensa internacional fue que las mismas bolsas plásticas de color azul que los fanáticos ondearon con frenesí para festejar el gol del empate en los últimos minutos del encuentro, terminaron siendo utilizadas como bolsas de basura para dejar las gradas impecables. Esta estampa, que ya se ha vuelto habitual en cada cita olímpica o mundialista, no responde a ninguna campaña publicitaria o exigencia de la FIFA, sino a un código de convivencia profundamente arraigado en la sociedad asiática.
Especialistas sociológicos señalan que este comportamiento no representa un esfuerzo extraordinario para el ciudadano japonés, ya que es una conducta inculcada desde la infancia temprana. En el sistema educativo de Japón, es una regla habitual que los propios estudiantes colaboren diariamente en el aseo de sus aulas, pasillos y áreas comunes, promoviendo el concepto de responsabilidad compartida y pertenencia sobre el espacio público.
Aunado a esto, la cultura nipona se rige bajo la premisa de evitar causar molestias o inconvenientes innecesarios al prójimo. Bajo esta óptica, dejar toneladas de basura para que el personal de limpieza del estadio las recoja es visto como una falta de respeto hacia el trabajador y hacia el entorno que pertenece a todos.















